
Probablemente, la frase más escuchada en publicidad después de “tenemos un marrón”.
Pues bien, hoy nos ha sucedido pero literalmente… Les cuento: para un concurso -y ya saben cómo se pone el personal con los concursos- teníamos que preparar una campaña y utilizar como partner a cierta multinacional escocesa de la comida rápida.
Después de una copiosa cena procedente dicho restaurante familiar, continuamos cerrando las piezas que incluían: una caja de hamburguesa, un vaso de bebida XL, pajita, bandeja, y patatas grandes, 6,95€.
Una vez montadas todas las piezas y preparado el material para la presentación, a casita. El descanso del guerrero. Despertar, ya con la presentación en la cabeza, ir hilando argumentos de venta en la ducha, afeitar y peinar: camiseta de las presentaciones, pantalón de las presentaciones, zapas de la suerte.
Cuando llegamos a la agencia, empezamos a buscar las piezas, que no están… que dónde ha metido este gilipollas las piezas… que yo las dejé en la estantería, os lo juro… ¡joder! ¿A ver si la señora de la limpieza las ha tirado a la basura?
No pasa nada, volvemos a imprimir… Pues no, porque se nos ha ido la luz.
Carreras al contenedor antes de que llegara el camión con sus silbadores, y bucea entre la basura para encontrar las piezas. No sabéis la cantidad de mierda que genera una agencia de publicidad. Me sentía como Han Solo, Luke Skywalker y la Princesia Leia en el compactador de basuras de un destructor imperial. Náuseas… pero las hemos recuperado.
Eso es lo que se llama, RECICLAR UNA CAMPAÑA. En fin, que como decía un amigo “ponemos un circo y se nos mueren los enanos”…
Y la presentación ha ido bien. Ya les contaré.